Dos Elefantes en Tela de Araña
- Renata Santiago

- Jul 22, 2023
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La biblia cuenta de Adan y su magnífico renunció de una costilla a Dios. Adan, cuya costilla fue utilizada para el gran milagro de la creación, luego fue bendecido con Eva. Tales cuentos nunca me tuvieron mucho sentido menos el de mi propia creación. Incrustada contra las 23 costillas que permanecen, yo fui creada de una costilla obsequiada de mi madre. Una mañana calurosa de verano, la costilla removida e incubada por 9 largos meses, nací envuelta de la sangre compartida y derramada en mi honor. El momento memorizado por evidencia fotográfica cuenta de una niña de apariencia aterrorizada, cuerpo frágil, pulmones fuertes y otra niña de apariencia aterrorizada, cuerpo fuerte, y corazón enorme. Tan joven que era, me gusta pensar que muy pocos elementos en su vida se podían honrar con tanta certitud como el amor que sentía por mi y el coraje que mantiene por ser madre.
La costillita incrustada de mi madre creció como gran árbol de raíces torcidas y tronco tachado, pero aun así mi madre se sentaba a sus raíces para leerle cuentos de hadas y echarle su aguita, regalando de su misma soledad cuando varias veces le hizo falta. En días de verano el árbol le proveía brisas palmeras a mi madre, menos en días tormentosos cuando todo relámpago le caía por encima. Los vientos fuertes se enhebraban entre las ramas y hojas del árbol, trayendo lluvia a las raíces del árbol, y coincidentemente de por encima a mi madre. Aun así, madre fuerte y valiente se sostuvo de una de las raíces necias del árbol que surgen de la tierra. Ahí esperaba a que la lluvia parara y las nubes oscuras se desvanecieran. A pesar de los humores volátiles de su árbol, mi madre tomó orgullo en el.
La naturaleza es abundante en madres ejemplares. Los pingüinos tienen madres luchadoras y trabajadoras. Se arman con valentía para enfrentarse a las aguas heladas y predadores infinitos para traerle a sus familias pez fresco y tibio al calor corporal. Los pájaros se dedican a ubicar las ramitas más perfectas para crear nidos cómodos para sus hijos. Por días y noches se sientan a proteger e incubar los huevos, les buscan y mastican la comida, y les demuestran cómo volar. Las madres zarigüeya se arriesgan a llevar sus bebés en la cola, sacrificando su velocidad y flexibilidad para proteger y vigilar a sus frutos. Las madres son de mi gran admiro, humanas o no. Pero, lamentosamente no me se de un animal que le posee la misma reverencia a su madre que yo a la mía. Afortunada de caminar en dos pies y poseer los regalos de la evolución, en días que prefiera ser lombriz por lo complicado que sea la vida, por lo menos tengo la fortuna de agradecerme de mi madre. Cuantos defectos tengan los humanos, cuántas complicaciones existan con una vida tan compleja, cuantas incertidumbres existirán en mi vida, tengo cierto el sacrificio de madre, y mi honor por el.
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